Mi parto en color

26.04.2019

Hace 4 años a estas horas tenía contracciones de parto, lo que no sabía es que en menos de 5 horas desde la primera contracción iba a tener a mi bebé en mis brazos, en un maravilloso parto natural, totalmente respetado y que me iba a empoderar para siempre.

Estaba de 40+2 y a decir verdad los últimos dos días había caminado mucho, subido escaleras (vivo en un séptimo), limpiado la casa no sé cuantas veces... para tratar de acelerar el parto por miedo a la temible inducción, que aunque no se me había propuesto ni siquiera insinuado si pasaba de las semana 42, si que rondaba por mi cabeza.

Llevé mi segundo embarazo en el mismo hospital privado que el primero (que fue un completo desastre aunque fue vaginal) porque a pesar de haber sufrido violencia obstétrica en el primero, no lo sentía así.

Fue hacia la semana 30 cuando mi bebé no se giraba y me amenazaron con hacer una cesárea, no me ofrecían técnicas para girarlo, solo que habría que abrir. Así que las técnicas las busqué yo y en la semana 36 se giró para volverse a poner en transversal y volver a girar hasta quedarse ya en cefálica.

Esto me removió muchísimo y me hizo pensar fríamente en como había sido mi primer parto y ahí se me cayó la venda de los ojos (más vale tarde que nunca) y lo vi claro, había sufrido violencia obstétrica.

Ya no volví más a aquel hospital, en la semana 33 cambié de médico, tenía muy buenas referencias de él y me hacía sentir cómoda, segura de mi misma y como él decía "tuviste un parto en blanco y negro y este será en color".

Tuve que luchar contra mi familia que no entendían como iba a irme de hospital de prestigio a esas alturas del embarazo, para parir con un médico y una comadrona en una clínica pequeña con tal de conseguir que mi segundo parto fuera respetado.

Me preparé física y mentalmente para el parto natural desde el segundo trimestre, estaba muy segura de mi misma, de mi cuerpo, de mi capacidad para parir y no lo puse en duda ni un solo segundo.

La fase de dilatación la pasé en mi casa, fueron unas 3 horas y media, a mi ritmo, en mi bañera y hablando con mi matrona, hasta que las contracciones eran cada 2-3 minutos que fuimos para el hospital. Al llegar me dejé hacer un tacto porque necesitaba saber de cuanto estaba y ya llevaba 8 centímetros y el latido de mi bebé se escuchaba perfecto, me dejaron en la habitación para seguir con mi trabajo de parto.

Mientras mi marido hacía el ingreso en la administración del hospital, yo rompía aguas, a los 5 minutos ya estaba en la sala de partos, y en tres contracciones mi bebé ya había nacido. El ginecólogo y mi marido llegaron justo en la segunda contracción.

Parí sentada, con mi ropa, sin vía, sin anestesia, con luz natural entrando por la ventana, sin  ningún tipo de intervención y liberando a la mamífera que llevaba dentro. El ginecólogo solo observaba y con la mano protegía el periné para evitar desgarrarme por la episiotomía que llevaba del primero y lo evitamos, no hubo desagarro, cero puntos. Hicimos el pinzamiento tardío del cordón y al poco mi bebé ya se había agarrado al pecho.

La sensación fue increíble, brutal, hormonas naturales por las nubes, "un subidón" que me duró dos días enteros y un empoderamiento que me dura todavía hoy y que no creo que se vaya tras vivir esta experiencia tan poderosa.

Y que por desgracia no a todas las mujeres nos la permiten vivir.

Agustina Rico

Abogada